Funeral católico y civil. Ceremonias que representan a cada uno

El momento de la muerte es uno de los más sinceros y pensados. Para facilitar el aspecto económico y administrativo puedes contratar un seguro de decesos.

 

El momento de la muerte probablemente sea uno de los más sinceros. Y para muchos, puede ser uno de los más pensados y a veces temidos. Todo ello dependerá mucho de aspectos culturales y religiosos. Y para que el aspecto  económico y administrativo no sea un problema puedes contratar un seguro de decesos.

 

La muerte es un evento natural que forma parte de la vida. Cada persona acumula a lo largo de su vida una serie de vivencias que conforman sus pensamientos y creencias, su manera de ser. La cultura, la religión, la época en la que se vive y se muere, e incluso las tradiciones a las que se está unido marcarán las decisiones sobre cómo será el funeral y despedida de uno mismo.

 

 

Despedidas personales

La ceremonia del funeral refleja el sentir de cada persona. Para comenzar quizá sea positivo ver qué es realmente un funeral. En realidad es esa ceremonia que se realiza antes del entierro o de la cremación, dependiendo de lo que se escoja hacer con los restos mortales. También se hace referencia a las exequias, también llamadas honras fúnebres. En España, por motivos culturales e históricos el funeral católico es el que se ha practicado mayoritariamente de forma tradicional.   El funeral católico tiene una serie de protocolos, aunque algunos de estos han dejado de llevarse a la práctica de un modo estricto. Y cada una de las ramas del cristianismo tiene sus propias características y símbolos.

 

La evolución y los cambios de la sociedad han hecho que de un tiempo a esta parte se opte cada vez más por los funerales civiles.

Las creencias de cada uno, su manera de ser y de vivir quedan reflejadas en estos momentos. Son experiencias cargadas de símbolos y de sentimientos que se intentan volcar en el funeral. Sea del tipo que sea.

 

De manera común, todos los funerales deben ceñirse a unos mínimos que marca la Ley. En España, el cuerpo debe “velarse” durante 24 horas antes de ser enterrado o incinerado. Además el cuerpo debe ser depositado siempre en un ataúd. Durante este tiempo se inician los trámites administrativos, certificados de defunción, etc.

 

Este es el momento en el que, si el fallecido tenía contratado un seguro de decesos, se ponen en marcha las coberturas del seguro.

 

Lo más habitual es mantener el cuerpo en el tanatorio más cercano al lugar de fallecimiento.

 

Es un punto de encuentro para facilitar a familiares, amigos y allegados, un lugar donde despedir al fallecido. Está muy arraigado en el rito español, si bien en zonas rurales se puede llevar a cabo en el domicilio, algo impensable en las ciudades.

 

Ahí los amigos de la familia y del difunto acompañan a los seres más allegados a este. En el caso de que el difunto hubiera decidido recibir un funeral católico, se puede realizar una misa en el mismo tanatorio o en una iglesia días después. En cambio si la voluntad del difunto es la  de realizar un funeral civil, lo que se hace es realizar un acto homenaje al mismo. Esta ceremonia puede llevarla a cabo bien una persona cercana al difunto o bien contratar a una persona que de manera profesional realiza este tipo de ceremonias. En este último caso, dicho profesional mantiene una pequeña charla con los familiares y amigos más cercanos para conocer algunos detalles de la persona a la que se le va a rendir ese pequeño homenaje.

 

 

Volver a la tierra natal

En el caso de otras religiones y creencias, las empresas de servicios funerarios y los seguros de decesos pueden ser de gran ayuda para realizar las exequias conforme a la legislación vigente y a la tradición de cada persona. En este sentido, también es muy común, que si el fallecido es de otra nacionalidad quisiera en vida que sus restos mortales fueran repatriados a su lugar de nacimiento y ser enterrado donde están sus raíces. En estos casos las coberturas de repatriación son siempre de gran ayuda. De igual forma ocurrirá en caso de que el fallecido sea de nacionalidad española y esté trabajando en el extranjero, algo muy habitual en estos días.

 

El seguro de decesos además ayuda en otras muchas cuestiones, al margen del tipo de funeral. Por ejemplo gestiona y cubre los gastos del ataúd o de la incineración, del mismo entierro y de los traslados en caso de que sea necesario. Incluso el coste del nicho o tumba, con carácter temporal, dependiendo de cada póliza, sin que sea necesario que el difunto la haya comprado previamente.

Actualmente además hay una serie de coberturas complementarias de las pólizas de decesos, como son la de gestoría, el asesoramiento jurídico, el borrado de la vida digital, entre otros, que hacen del seguro de decesos un producto útil para momentos difíciles.