Vehículos autodirigidos: futuro gran reto para el sector seguros

Los vehículos autodirigidos ya han llegado -aunque de momento esta iniciativa se encuentra en pañales– y en teoría lo han hecho para quedarse y progresivamente ir conquistando la industria del automóvil.

Comenzaremos por una anécdota real.

Un amigo mío iba en el coche junto a su novia y de repente ésta se pegó tal susto que lanzó un gritó al ver que el vehículo de al lado estaba circulando sin conductor. ¿Magia? ¿Tecnología extraterrestre? No. Escocia. El conductor simplemente estaba en el asiento derecho y el izquierdo quedaba vacante, y la reacción instintiva de la chica se produjo al no haberse dado cuenta de ese detalle…

Sin embargo, esta anécdota del misterioso vehículo sin conductor está a unos pocos años de convertirse en una realidad. Los vehículos autodirigidos ya han llegado -aunque de momento esta iniciativa se encuentra en pañales– y en teoría lo han hecho para quedarse y progresivamente ir conquistando la industria del automóvil. Las previsiones apuntan a que en 2020 comenzarán a circular oficialmente los primeros en las carreteras, en 2035 se habrán vendido más de 50 millones de ellos y a mediados del presente siglo casi todo el parque automovilístico mundial estará formado por vehículos autodirigidos que no precisarán de conductor.

Los primeros pasos en este sentido ya se van dando. En los últimos años varias compañías, entre las que se encuentra Google, han trabajado en el desarrollo de este tipo de vehículos que se conducen a sí mismos utilizando inteligencia artificial, sensores informáticos y tecnología GPS en vez de valerse del trabajo de humanos. Y lo han hecho creando prototipos con los que han llegado incluso a realizar pruebas en la carretera.

Por cierto, recientemente un par de ellos estuvieron a punto de colisionar entre sí en Palo Alto, California, generando una gran repercusión mediática. Pero nadie dice que los comienzos sean fáciles. Así avanzan la ciencia y la tecnología: ensayo-error-ensayo-error-ensayo-acierto.

 

¿Qué ventajas tendrán los vehículos autodirigidos?

Pese a estos lógicos tropiezos iniciales, las expectativas son realmente positivas con respecto a los beneficios de la implantación de los vehículos autodirigidos en las carreteras. En primer lugar, porque se producirá una importantísima reducción de la tasa de siniestralidad. Las estadísticas prueban que en un altísimo porcentaje los siniestros que causan víctimas mortales en la circulación obedecen a un error humano, y la introducción de estos nuevos medios de transporte reduciría prácticamente a cero esa posibilidad de error.

La comodidad al volante para los pasajeros sería, por supuesto, otra baza a favor, así como la ventaja de que todos los ocupantes de estos vehículos podrán aprovechar el tiempo durante el viaje al no haber conductor.

El tráfico, otro de los grandes problemas actuales -especialmente en las grandes ciudades y en las carreteras más transitadas- se mitigaría, y la contaminación ambiental se reduciría al realizarse una conducción más eficiente y menos contaminante que la efectuada por un ser humano.

Pero no todo son los mundos de Yupi pues también aparecen inconvenientes: posibles dificultades, en cuanto a la legislación y la normativa y durante la circulación, ante la coexistencia de unos coches y otros; el peligro de los piratas informáticos, que aparecen como la principal amenaza para la nueva generación de vehículos; y el escaso conocimiento en la sociedad -de momento- con respecto a esta nueva tecnología: según un informe, dos de cada tres personas no se imaginan en manos de un coche autónomo. Habrá que invertir, por lo tanto, en formación y en información.

 

 

Seguro-ficción

Pero vamos a jugar un poco a seguro-ficción, pensando cómo se adaptaría el sector asegurador a la llegada progresiva a los mercados y las carreteras de los coches autodirigidos.

Sacamos la bola de cristal y (no sin riesgo a equivocarnos ya que nadie puede saber a ciencia cierta qué sucederá en el futuro) vemos en ella que las pólizas se abaratarían, ya que en teoría la accidentalidad se reduciría considerablemente debido a que las acciones de los vehículos serían previsibles y éstos no incumplirían, salvo un error tecnológico, las normas de circulación.

En las pólizas para coches autodirigidos parece evidente también que cobrarían una gran importancia las coberturas relacionadas con la informática, como una que contemplase un posible fallo del sistema u otra que protegiese al cliente ante la posibilidad de un ataque informático por medio de un hacker.

En ese futuro cercano no sólo los asegurados/conductores deberían contratar una póliza, sino que las automovilísticas también optarían por asegurarse curándose en salud ante la posibilidad de que se produjeran errores técnicos y las cosas no funcionasen como estaba previsto.

 

Pero todo esto forma parte del terreno de la especulación. Veremos qué depara la realidad. Lo que está claro es que el automóvil entra, inexorablemente, en una nueva era, y el seguro debe saber adaptarse de la mejor manera a ella. El reto se prevé interesante.